El silencio amortigua al oído, lo destruye, lo niega.
Por otro lado el ruido lo estimula y desarrolla.
Entre el ruido y el silencio, persiste una armonía
que puede ser confundida con silencios y ruidos.
Esta armonía talla al oído, como el escultor a su piedra.
¿Quién talla la armonía que da humanidad al oído?