Pocas son las palabras de los carceleros. Hombres y mujeres en sus jaulas alimentan a los carceleros y carceleras que llevan en sus bolsillos las llaves de la libertad. Pero las llaves se les ocultan, se les disfraza, se les niega. "Queremos mejores jaulas" dicen hombres y mujeres, "Estamos hartos que nos mientan y de toda la corrupción". Están hartos, no solicitan las llaves, no solicitan salir de las jaulas. Están tranquilos en ellas, tienen sus comodidades y una idea de la vida que no necesita cambio, si no "mejoras".
Se acerca un carcelero: "No podemos mejorar sus jaulas, porque hay algunos que salieron de ella y nos reclaman que dejemos a todos libres. Esto es un asunto de seguridad primordial, así que ahora vamos a tapar con una tela las jaulas. Lo hacemos por su bien."
Los carceleros cubren muchas de las jaulas, la tela no alcanza para todos. Comienza la función. En las telas pasan imágenes y relatos. Las jaulas están próximas, pero ya no se miran entre sus habitantes, ya no se escuchan, ya no se presienten como partes del mismo destino.
Los carceleros van perdiendo su rostro, en las jaulas se los recuerda difusamente.
La vida continua.
Algunos en sus jaulas encuentran su vocación en esta vida: ser libres. Ya no saben qué es un carcelero, ni qué hace. En esta aspiración de identidad algunos quieren ser libres siendo carceleros.
La vida se detiene. Toma aliento, y espera.
buenisimo
ResponderEliminar...ya no se presienten como partes del mismo destino.
genial